15
Apr
2011
Rumore, rumore, rumore Print
Written by Antonio Broto
Ya se ha mencionado un poco en los comentarios del anterior post, pero bueno, no me parece mal dedicar el artículo de hoy a la principal consecuencia que en China ha tenido el accidente nuclear de Japón: la compra masiva de sal en muchas ciudades chinas.

Ello se debe, por lo visto, a que se ha extendido por todo el país el rumor de que la sal, al llevar yodo (principal componente de las pastillas que se usan para defender al organismo de un aumento de la radiactividad) puede ayudar a protegerte en el caso de que la radiación de Fukushima llegara a China. También hubo quien pensó que la sal marina a partir de ahora va a estar contaminada con isotopos, así que hay que comprar las últimas remesas "sanas".

Estos rumores han provocado que muchas tiendas de China se hayan quedado sin sal, que el precio de ésta se haya multiplicado en algunos lugares hasta por 10, o que en los restaurantes escondan los saleros para que la gente no empiece a llevárselos. Incluso el rumor ha derivado en otros rumores, como la falsa historia de un chino que ha muerto por comer demasiada sal para intentar salvarse de un hipotético Chernobil.

El Gobierno chino ha intentado llamar a la calma a la gente diciendo que ni la radiación japonesa va a llegar, ni la sal sirve de nada, porque todo el yodo que contiene un kilo de sal yodada es una cantidad menor que el de una sola pastilla antirradiación. En las televisiones ya han "contratado" a varios compradores en los supermercados asegurando que ellos no tienen intención de comprar sal, porque ya saben que no tiene sentido.

Estas compras histéricas nacidas de rumores ante una de estas cada vez más frecuentes alarmas sanitarias mundiales no son nuevas en China. En cada pánico epidémico de la última década hemos tenido un rumor impulsando a la compra de cosas de lo más peregrino. Con la gripe A, por ejemplo, cundió la creencia de que el ajo era mano de santo para prevenir el cochino virus, así que en esa ocasión fueron sus dientes, cabezas y ristras las que subieron de precio a niveles espectaculares.

Otro virus que nos tuvo en vilo hace unos años, el SARS, también estimuló la imaginación y los rumores en China, y sobre todo le vino bien a los fabricantes y vendedores de mascarillas, aunque las que llevaban la mayoría de los chinos sólo servían para protegerse del polvo. En algunos lugares, incluso, a falta de mascarillas decidieron usar sujetadores cortados por la mitad...



Estas creencias y rumores suelen extenderse con Internet y acaban afectando a muchas ciudades de China, incluso alejadas unas de otras. Yo creo que reflejan un poco la desconfianza de los chinos en los medios de comunicación, al estar éstos controlados por el Estado e intentar siempre vender las cosas mejores de lo que son: a lo mejor para algunas cosas va bien, pero cuando hay una alarma sanitaria, más bien sirven para exacerbar la imaginación de la gente y aumentar el pánico.

Algo así pasó, por ejemplo, cuando en la ciudad nororiental china de Harbin hubo un escape tóxico que afectó al río de la ciudad. El Gobierno dijo que todo estaba bien, que no pasaba nada, pero cortó el agua cuatro días seguidos: esto causó tal pánico que hubo bastante gente que se marchó de la ciudad, pensando que habían envenenado el suministro, o vete tú a saber qué cosas peores.

Desgraciadamente, lo de intentar aplacar a la población con información incompleta o "suavizada" no es monopolio de China. Ya se ha visto estos días que el Gobierno de Japón, un país que depende en gran medida de la energía nuclear, ha tapado en algunos momentos de la crisis la gravedad de la situación (un artículo muy bueno sobre esto sale hoy en El Blog Salmón). Hay que tener cuidado, porque los esfuerzos de algunos gobiernos por que no cunda el pánico pueden causar más pánico, o cosas peores...

También hay que tener en cuenta para entender cómo se extienden en China los rumores sobre remedios milagrosos es que en este país los médicos muchas veces son demasiado caros para la gente de la calle, así que se acude mucho al boca a boca para tratarse, o a Internet, y claro, pasa lo que pasa. Otro gran problema de China, la falta de un buen sistema de sanidad gratuito y universal (el Gobierno promete cambiar esto, y más les vale).

En fin, a ver si el pánico salino de los últimos días se termina, y si no lo hace por lo menos nuestra tensión arterial lo ganará. Porque, dicho sea de paso, en muchos restaurantes chinos se pasan un poco con el salero.


Articulo publicado con permiso amable de Chino Chano.

Last Updated on Friday, 06 September 2013 22:33
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